Cada trekking tiene un programa cuidadosamente planificado: etapas, tiempos, paradas, campamentos. Todo está pensado para que los participantes disfruten, conozcan un lado auténtico de Marruecos y mejoren sus habilidades ecuestres.
Aunque la ruta está detalladamente estudiada, siempre hay variantes que gestionar. Estamos al aire libre, muchas variables no están bajo nuestro control y después de todos estos años de experiencia podemos decirlo: la verdadera normalidad no es lo ordinario, es lo extraordinario.
Los imprevistos forman parte del viaje y con el tiempo hemos aprendido a gestionarlos con calma, experiencia y trabajo en equipo.
Cuando un caballo no está bien

Uno de los imprevistos más delicados se refiere a los caballos. Si durante el trekking un caballo muestra un problema de salud, tenemos la experiencia necesaria para entender si es un pequeño malestar que podemos resolver nosotros o si ese caballo necesita detenerse.
Nunca se trabaja con un animal que no esté al cien por ciento. Esto significa reconocer el problema de inmediato, contactar la base y organizar un cambio.
Primero encontramos una nueva combinación caballo-jinete y nos coordinamos con quienes permanecen en el Ranch para enviar un transporte. En el caso del trekking en el desierto, que se realiza lejos del Ranch, siempre llevamos caballos listos para el cambio en una base de apoyo más cercana.
Cuando es un jinete quien no está bien
Puede suceder que sea el jinete quien necesite una pausa. A veces basta descansar durante la pausa del almuerzo o por la noche y al día siguiente se vuelve a montar sin problemas. Si se necesita más tiempo, llamamos a un medio de apoyo que permita saltar una etapa y retomar desde la siguiente. En ese momento el imprevisto es la gestión del caballo que queda sin jinete. Nuestros caballos no pueden simplemente ser dejados libres, son sementales y deben ser gestionados.
Las soluciones son diversas:
- si otra persona del equipo está disponible monta el caballo
- un guía lo conduce a la cuerda larga
- en algunos casos alguien llega desde la base para recogerlo
La elección siempre depende de la ruta y de la situación del momento.
“En Marruecos nunca llueve”… ¿de verdad?

Mucha gente llega convencida de que en Marruecos nunca llueve, pero no es del todo cierto.
En la región de Essaouira, donde organizamos muchos de nuestros trekking, el clima tiene una particularidad: no hay montañas que retengan las nubes y a menudo soplan los alisios. Por eso es común ver el cielo oscurecerse y pensar que va a llegar una tormenta, pero luego las nubes se van sin una gota.
Sin embargo, en los últimos años hemos visto que la lluvia también puede llegar aquí. Cuando sucede, la solución más simple es también la más obvia: nos cubrimos con chaquetas impermeables, capuchas o sombreros y continuamos el día. La lluvia por sí sola no detiene un trekking. Lo único que siempre evaluamos es la seguridad de la ruta. Si las condiciones meteorológicas se vuelven realmente difíciles, podemos cambiar el itinerario o desplazarnos a zonas donde el pronóstico sea mejor.
¿Y si la lluvia hace imposible dormir en tienda?
En ese caso tenemos otra opción: a lo largo de las rutas conocemos personas, pequeños hoteles, casas y alojamientos donde podemos trasladar al grupo para pasar la noche bajo techo.
¿Dónde duermen los caballos cuando llueve?
Los caballos pueden estar al aire libre incluso si llueve, su pelaje es naturalmente impermeable. Incluso cuando parecen completamente mojados, si se pasa la mano en contra del pelo bajo el manto, la piel está seca.
Sin embargo, prestamos mucha atención al lugar donde los mantenemos. Hay que encontrar un sitio seguro lejos de cursos de agua o zonas de riesgo de deslizamientos. Cuando el grupo se traslada a un alojamiento cubierto, parte del equipo siempre permanece con los caballos. Con ellos dejamos todo lo necesario: comida, agua, botiquín veterinario y el equipo para pasar la noche. Nadie queda atrás: ni los clientes, ni los caballos, ni el equipo.
El desierto y las tormentas de arena
En el desierto la variable más importante no es la lluvia sino el viento. Las tormentas de arena forman parte de estos paisajes y pueden cambiar rápidamente los puntos de referencia.
Antes de cada trekking realizamos reconocimientos para entender si las rutas han cambiado y mapeamos los puntos de agua para los caballos.
Durante una tormenta lo más importante es mantenerse compacto. Los guías mantienen al grupo unido, se orientan en el terreno y permanecen en contacto con el campamento móvil, el camión que sigue el trekking y transporta tiendas y equipamiento.
Si es necesario, cambiamos la ruta o encontramos un camino alternativo para llegar a la siguiente etapa.
El imprevisto más difícil: los jinetes improvisados
Hay un imprevisto que no depende del clima, los caballos o el terreno, pero que puede ser más peligroso de lo que se piensa. Es el cliente que no dice la verdad sobre su nivel ecuestre.
Antes de cada viaje realizamos entrevistas telefónicas y explicamos claramente que nuestros trekking son para jinetes expertos. A pesar de esto, de vez en cuando alguien llega subestimando la dificultad. En palabras es fácil parecer seguro. Pero cuando vemos a una persona a caballo entendemos de inmediato si algo no encaja y en ese momento tenemos dos opciones.
La primera es enviar al cliente de regreso a la base, a su cargo. Es la solución más drástica y realmente el último recurso, cuando no hay colaboración.
La segunda, que intentamos adoptar casi siempre, es tomarlo bajo el ala de un guía, pidiéndole que permanezca cerca del equipo y siga exactamente las indicaciones que recibe. Funciona, aunque significa comprometer a un guía casi exclusivamente para una sola persona.
Ningún plan es perfecto
Organizar un trekking significa preparar cada detalle, pero también significa aceptar que algo, tarde o temprano, cambiará. No existe una regla fija para aplicar a cada imprevisto, cada situación debe gestionarse en función del entorno y de las personas presentes.
Lo que realmente marca la diferencia es la experiencia, la capacidad de mantener la calma y el trabajo en equipo que nos permite encontrar la solución adecuada cuando la realidad decide cambiar los planes.
