Cuando se piensa en el Ramadán, lo primero que viene a la mente es el ayuno. Pero esta práctica religiosa, que dura aproximadamente un mes, es mucho más que una simple renuncia a la comida y al agua desde el alba hasta el ocaso. El Ramadán es un tiempo de recogimiento, de oración y de reflexión interior. Es un momento para detenerse y mirar hacia dentro, para redescubrir el valor de la comunidad y la solidaridad. Al final del mes, se celebra el Aid al-Fitr, la fiesta que marca la ruptura del ayuno y que dura dos días. Durante esta celebración, se visten ropas tradicionales, se comparten comidas abundantes y se fortalecen los lazos con la familia y la comunidad. Es un momento de alegría y gratitud, que concluye un mes dedicado a la disciplina y a la espiritualidad.
¿Por qué el Ramadán cambia de fecha cada año?
El Ramadán sigue el calendario lunar islámico, que es más corto que el calendario solar gregoriano usado en gran parte del mundo. Un año lunar cuenta con aproximadamente 354 días, es decir, 10-11 días menos que el año solar. Por esta razón, cada año el Ramadán cae en un periodo ligeramente diferente, adelantándose unos diez días respecto al año anterior.
También los horarios de inicio y fin del ayuno varían de un país a otro, ya que se basan en los tiempos locales del alba y el ocaso. Por ejemplo, en los países cercanos al ecuador, la duración del ayuno se mantiene bastante estable, mientras que en los países más al norte o más al sur, las horas de luz pueden ser mucho más largas o más cortas según la estación. Por ello, el Ramadán vivido en Marruecos será diferente al vivido en otros países, donde las horas de luz pueden ser más largas o más cortas.
Vivir el Ramadán en una familia multicultural
Nuestra familia y el Ranch de Diabat son una unión de culturas. Yo soy italiana, mientras que mi esposo Omar es marroquí. El Ramadán, para él, siempre ha sido una parte natural de su vida, mientras que yo lo descubrí solo viviendo a su lado. Durante los primeros años decidí practicar el ayuno para comprender mejor esta tradición, pero después de un tiempo tuve que dejarlo por motivos de salud. Sin embargo, esta experiencia me permitió entender mejor el esfuerzo y el valor de esta práctica y hoy trato de acompañarla con respeto y apoyo.
Cuando llegaron nuestros hijos, Rayane y Soraya, quisimos explicarles el significado del Ramadán desde pequeños. Al ser aún jóvenes, no pueden practicarlo, pero participan en los momentos de compartir, especialmente por la noche, cuando nos sentamos todos juntos para el Ftour, la comida que marca el fin del ayuno diario. Aunque para nosotros la cena es adelantada respecto a lo habitual, siempre tratamos de vivirlo como un momento de encuentro familiar.
La madre de Omar juega un papel especial en este periodo. Cada día prepara una sopa diferente, pensada para rehidratar y preparar el estómago para la comida. Es una tradición que mantiene con amor, no solo para nuestra familia, sino también para todos los empleados del Ranch que viven aquí durante la semana y que no pueden cenar con sus familias.
El Ramadán en el Ranch de Diabat
También la rutina del Ranch cambia durante el Ramadán. En el pasado se trabajaba hasta el ocaso, pero con los años hemos decidido reducir el horario para dar la posibilidad a todos de vivir este periodo con más tranquilidad. Ahora cerramos algunas horas antes del ocaso, para permitir que nuestros colaboradores descansen y se preparen para la noche.
También las actividades ofrecidas a los visitantes se adaptan: las caminatas de varios días se suspenden, porque serían demasiado agotadoras para quienes ayunan. Organizamos solo excursiones de un día, respetando la necesidad de descanso de nuestro equipo.
A pesar de los cambios en el ritmo laboral, el Ranch nunca se detiene por completo. Los animales necesitan ser cuidados y alimentados también durante el Ramadán, y nuestro personal se organiza para garantizar el bienestar de caballos y dromedarios sin comprometer su propio equilibrio durante el ayuno.
La comida y la fiesta de fin de Ramadán
La comida adquiere un valor simbólico fundamental durante el Ramadán. El Ftour siempre comienza con agua y dátiles, para aportar un primer aporte de azúcares al cuerpo. Inmediatamente después llega la sopa caliente, que en Marruecos puede variar cada día: la harira es una de las más comunes, pero cada familia tiene su propia versión.
Durante la fiesta de Aid al-Fitr, la mesa se llena de especialidades típicas: los tajines de carne, pollo o pescado, las crepas mesmen, crujientes y sabrosas, y los baghrir, las crepas suaves y llenas de pequeños agujeros que retienen la miel. Los dulces tradicionales, como los hechos con miel y almendras, son una explosión de sabor y calorías, perfectos para quienes han enfrentado un mes de ayuno.
Esta fiesta es también un momento para practicar la Zakat al-Fitr, un acto de solidaridad previsto por la religión islámica: antes de la oración de la mañana, quien puede lo ofrece en comida o dinero a quienes están en dificultad, para garantizar que también las personas menos afortunadas puedan participar en la fiesta.
Ramadán: un tiempo para desacelerar, reflexionar y dar
En nuestro camino de unión entre culturas diferentes, el Ramadán es un periodo importante. Nos permite desacelerar, concentrarnos en lo que realmente importa y fortalecer el sentido de comunidad. Incluso quienes no ayunan pueden encontrar en este mes una ocasión de reflexión y compartir.
Uno de los aspectos fundamentales del Ramadán es el valor de la caridad. La Zakat, uno de los cinco pilares del Islam, es un deber religioso que invita a quien puede permitírselo a apoyar a los necesitados. Este principio se manifiesta de manera particular durante el Ramadán, con gestos de solidaridad que van desde la preparación de comida para quienes no tienen recursos hasta las donaciones para las familias en dificultad. La generosidad es un elemento central de este mes y nos recuerda lo importante que es cuidar de los demás.
En el Ranch de Diabat, tratamos de vivir el Ramadán con equilibrio, respeto y apertura, encontrando maneras de conectar nuestras tradiciones y crear momentos de verdadera unión. Al final, este es el valor más grande del Ramadán: el sentido de pertenencia, de gratitud, de compartir y de ayuda mutua.
Y por eso, a quienes lo celebran, ¡Ramadán Mubarak Said!
